El Cosmos

La teoría del todo, la formula final del universo. El sentido, la razón, el porqué de nuestro Cosmos. Esas dudas, esas preguntas, esas cuestiones que rebotaron, rebotan y rebotarán dentro de los cráneos de miles de seres humanos a lo largo de nuestra historia.

¿Porque hay un universo? ¿Por qué no, más bien nada? ¿Qué es la vida? ¿Existe el destino? ¿Existe el azar? ¿Qué es la inteligencia? ¿Qué es la razón?

Una a una estas preguntas nos mortifican pero, a su vez, y sin darnos cuenta, le dan sentido y marcan un camino a seguir en nuestras vidas.

Hipótesis Primera

Supongamos que el universo no tiene sentido, razón alguna u objetivo (o como quieran o puedan llamarle), supongamos que uno es consciente de eso, ¿entonces qué hacer con nuestras vidas?

Recomendaría que cada cual haga lo que quiera, sin importar la existencia, sufrimiento o vida del otro, ya que si nada tiene sentido, ¿Cuál es el sentido de preocuparse, de no dañar o incluso de pensar siquiera en el otro, si no es por un placer personal? La moral y la ética desaparecerían en un chasquido, porque el velo Cósmico del universo caería para dejar ver el rostro Caótico original de este, y así nosotros como especie nos sumiríamos en el peor del caos, sin siquiera poder decir que estuviésemos haciendo algo considerado “maligno”.

El concepto mismo de bien y mal tambalearía hasta ser una suma de recuerdos incorrectos, simplemente un sinsentido; ¿Qué puede estar bien o mal, si la única norma, regla, estructura y orden son las del azar y las de la conciencia de la mente de cada individuo?, mil subjetividades, ninguna ética.

Como podríamos juzgar a un violador, sin en el medio del caos universal del sinsentido, el decide satisfacer sus propios impulsos, bastión último fuente de todo accionar y comportamiento. E incluso peor, aquellos cuyos impulsos a satisfacer requieran de una sociedad organizada, tendrían justificados todos los medios practicables, en pos de lograr sus fines.

La base de la ética es intrínsecamente, la construcción de una serie de valores, principios y conductas, basados en el orden, progreso y desarrollo hacia la superación misma de la especie en pos de la conquista del universo y sus misterios. Sin esta base, ¿Para qué y porque no dañar al hermano? ¿Solo porque la sociedad eso enseña? Si la vida, si el universo está vació de contenido, ¿Cuál es el problema de rasgar un conjunto de átomos que llamamos seres humanos? Porqué no contaminar ríos y valles, en un espectáculo mórbido de autodestrucción? ¿Cuál es la inmoralidad de dañar lo que no sirve? Sería tan válido ayudar al otro por el propio placer de verlo feliz, como dañarlo por el placer correspondiente al verlo sufrir. No habría vara del bien y el mal, ni podría juzgarse ninguna acción humana.

Hipótesis Segunda

Consideremos por un segundo, un universo en el que el sentido mismo, la razón primera de nuestra realidad tenga sus lineamientos bien definidos.

Cada accionar humanos, animal o de la vida, tendría una regla, una vara que podría medir lo que está bien y lo que está mal. Un dictamen cósmico, un orden primario que estructuraría nuestras vidas y el desenvolvimiento “natural” del universo.  Podríamos medir con exactitud milimétrica la bondad o maldad de nuestros actos y eventos. Aunque bien no puedo describir que forma tendrían nuestras acciones, debido a mi desconocimiento de este sentido, fácilmente puedo enunciar que podría quizás comprenderse el libro cósmico de leyes y ética.

Hipótesis Final

Caminamos, no un sendero, sino un valle incierto de tremendas proporciones, y misteriosas razones. Ningún ser humanos conocido puede enunciar la respuesta a las preguntas iniciales, siquiera un atisbo de comprensión.

Pero el ser humano debe siempre primar la humildad y reverencia hacia nuestra realidad con un concepto fundamental, “lo desconozco”. Es esa frase exacta la que debe reglar toda la historia de la humanidad hasta el éxtasis final de una especie que rompa las cadenas del misterio y enarbole el estandarte de la victoria racional y científica. Será como cruzar el portal hacia el paraíso, o quizás como abrir la caja de Pandora del caos eterno, o peor aún, como hablar desde un teléfono del cual no obtenemos respuestas al otro lado de la línea.

Pero podemos asegurar que nuestras vidas deben mantener un horizonte de ética fundado en nuestro propio desconocimiento. La razón y la lógica nos indican, que ante el misterio de las preguntas fundamentales, no podemos más que organizarnos para contestarlas. Es nuestra misión racional encontrar estas respuestas para poder así, luego entregarnos a los mandatos y razones cósmicas, o destruirnos en el abismo caótico. Pero solo una vez resueltas las ecuaciones esenciales podernos encontrar esta libertad en el cosmos o el caos. Lo que no podemos es dejar sin responder preguntas, que quizás guardaban grandes conocimientos y destinos, porque estaríamos entregándonos a las cadenas de la ignorancia y los caprichos humanos.

Es nuestro deber no exterminarnos como especie, es nuestro deber desentrañar los misterios del universo, y por lo tanto jamás podremos (solo si descubrimos lo azaroso del universo) dañar, o primar nuestros impulsos e intereses individuales por sobre el conjunto de la especie o cualquier ser racional.

Esta es la base fundacional de la cual emanan los derechos del hombre, el respeto por el otro, y los deberes de nuestra especie.

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